CARACAS, sábado 11 de octubre, 2008 | Actualizado hace
01:25 PM
Reikiavik.- La tormenta financiera
se abatió con fuerza sobre el Atlántico Norte
y en una semana Islandia pasó de ser una nación
rica con un éxito económico casi insolente a un
país exangüe al borde de la quiebra.
"Es una semana excepcional que espero que no volvamos a vivir",
declaró ayer el primer ministro islandés, el
conservador Geir Haarde, durante una rueda de prensa,
en la que afirmó que el país no está al borde
de la bancarrota, informó AFP.
Y sin embargo fue él quien el lunes agitó el fantasma
de una isla arruinada en un discurso a la nación
que dio la nota en una semana en la que abundaron las
malas noticias.
Frente a un sector financiero hipertrofiado (de ocho a diez
veces el PIB) aislado ahora de los capitales extranjeros,
el gobierno eligió el método fuerte, incluso
dirigista.
Primero se dotó de un arsenal legislativo sin precedentes
en Europa otorgando al Estado la posibilidad de dirigir
al conjunto del sector bancario y luego anunció
la toma de control de los tres principales bancos del país:
Glitnir, Landsbanki y Kaupthing, provocando asombro en los
medios financieros y poniendo punto final a la confianza que
había en la economía islandesa.
En ese contexto pidió auxilio a Rusia, con la que el
martes negociará un préstamo de 4.000 millones
de euros.
Islandia, una pequeña isla de 313.000 habitantes, que
no es miembro de la Unión Europea (UE), era hasta ahora
uno de los Estados más ricos de la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
En los últimos diez años, su economía creció
como promedio un 4% anual con un salto del 7,7% en 2004.
"El gobierno no ha hecho más que agravar los problemas
paso a paso", estimó Benedikt Stefansson, ex economista
del banco Landsbanki, ahora en el paro, al igual que
cientos de empleados de los 8.700 del sector bancario.
Igual que Gunnar Haraldsson, director del Instituto Nacional
Económico, Stefansson acusó al Banco Central
y a su gobernador, David Oddsson, ex primer ministro
que en los años 1990 impulsó la liberalización
del sector bancario.
Y explicó que la entidad emisora negó un préstamo
en títulos a Glitnir y aconsejó al gobierno que
se hiciera con el control del tercer banco del país.
En ese momento, "el derrumbe total del sistema bancario fue
inevitable", dijo, antes de hacer hincapié en el
deterioro de las agencias de calificación financiera,
la caída libre de la corona islandesa y la crisis de
liquidez posteriores.
"Era perfectamente previsible y podría haberse evitado,
aunque hubiera que pagar un precio elevado", aseguró.
A pesar de este análisis que comparte la opinión
pública, en una mezcla de impasibilidad nórdica
y de optimismo, los islandeses de a pie no parecían muy
afectados y mucho menos proclives a la rebelión contra
la atípica coalición gubernamental, formada por
el Partido Conservador y el Partido Socialdemócrata.
Claro que dos manifestaciones, hecho rarísimo en la
isla, se llevaron a cabo de forma espontánea el miércoles
ante el Parlamento y el viernes ante el Banco Central, para
pedir la renuncia de David Oddsson.
Pero el viernes por la noche, el ambiente era relajado en
bares y restaurantes con bastante clientes en este periodo
de crisis.
"No sirve de nada quedarse encerrado en casa", afirmaba Gudmundir,
de 23 años, uno de los muchos jóvenes superendeudados
de la isla.
La crisis, que debería superarse en algunos años,
según el jefe del gobierno islandés, no tuvo
siquiera una pausa durante el fin de semana.
Este sábado, Islandia y Gran Bretaña anunciaron
haber logrado un "avance significativo" y acuerdos de
principio para que los clientes británicos del
Icesave, una de las sucursales del Landsbanski, sean reembolsados,
después de que sus cuentas fueran congeladas.
"Se ha logrado un avance significativo sobre los ahorristas
del Icesave con acuerdos de principio para un rápido
reembolso", indicó un comunicado conjunto.
Según la prensa británica, más de 300.000
británicos tienen una cuenta en ese banco islandés
por un total estimado en 5.100 millones de euros.
Paralelamente, Reikiavik alcanzó un acuerdo similar
con Amsterdam para los clientes holandeses del Icesave, en
virtud del cual el país nórdico se comprometió
a reembolsar a cada ahorrador hasta 20.887 euros.
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